lunes, 18 de mayo de 2015

Porque viajar solo alguna vez en tu vida

Elige un destino, reserva el transporte y vete. No importa a dónde, no invites a nadie, vete contigo. Si puedes irte por varios días, mejor. ¿Por qué no puedes?
No des explicaciones, te las pedirán, pero no hay respuestas a las miles de preguntas: ¿Por qué solo? ¿No te vas a aburrir? ¿No te da miedo? ¿Qué vas a hacer? Las preguntas se multiplicarán si eres mujer. Las advertencias sobre los peligros y el grado de tu locura probablemente sean interminables. No importa, vete.
Un día, hace muchos años, decidí que quería ir a USA. Lo veía lejísimos,  ¿Quién tendría el interés, el presupuesto y las ganas? La pregunta era quién. Estaba basando mi anhelo en alguien más.
Otro día, varios años después, reservé un boleto de avión. Lo dejé reservado con fecha de pago futura. Extendí por días, tal vez semanas la decisión de dar click en “comprar”. Revisaba todos los días si el costo del vuelo había subido, con la esperanza de encontrar el pretexto “está muy caro” para no decidirme.
Me atacaban los prejuicios, porque era sólo eso, prejuicios enmascarados con miedo. Y eso nadie me lo iba a quitar, más que yo. Así que lo hice… y lo volvería a hacer mil veces más.
Viajar sola en la India fue una de las experiencias más increíbles que he vivido. Sí tuve miedo, es más, hubo días aterradores, pero justo esos días, fueron también los más afortunados.
Viajar solo te obliga a conocerte, a compartirte, a confiar en tu intuición, a darte cuenta que la felicidad es una decisión, un derecho de nacimiento, no un privilegio.
Viajar sin ninguna compañía, sin nadie conocido, te hace más fuerte, más inteligente, más noble, más valiente. Viajar contigo mismo te hace descubrir cosas que difícilmente descubrirías de otra forma. Si eres rígido y controlador, el viaje te demostrará que también puedes ser flexible y dejarte llevar. Si eres despreocupado, desordenado y despistado, viajar solo te obligará a ser cuidadoso y te mostrará lo bien que se siente vivir con menos caos. Viajar solo te enseña a tomar decisiones y hacerte responsable de ellas.
Viajar solo te libera de prejuicios y te recuerda que nada gira alrededor de ti y que todo es mucho más fácil de lo que parece, que nada es suficientemente importante como para quitarte la paz.
Viajar solo te enseñará a comunicarte mejor, a socializar, a aprender a estar contigo mismo, a caerte mejor y quererte más. Súbete a un avión, a un camión o a tu carro.
Todas esas son las razones por las que creo que debes de viajar solo al menos una vez en la vida. La más importante, porque cuando regreses no serás la misma persona que se fue.
Vete dos días o tres, o diez o treinta. Vete y no hables con nadie conocido, sólo avisa que estás bien.

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